Es un fenómeno urbano que siempre va a más, la prostitución masculina se vive en las principales ciudades de Marruecos, sean turísticas o no. Casablanca, Marrakech, Tánger, Essaouira y Agadir, ninguna se salva.
Pero a veces lo cotidiano no se conjuga con la suerte. Muchos jóvenes viven la noche en las calles esperando a los clientes por cualquier dírham. Cambian de calle para evitar a la policía, el frio, el hambre en el cuerpo o la soledad. Porque el mundo de la prostitución masculina es un universo donde los fronteras están poco definidas. Se encuentra de todo; homosexuales, heterosexuales y desgraciadamente menores. Said tiene 19 años y sin rubor se considera una “puta”: “es mejor ser una puta que un hombre que si tuviera mucho dinero cambiaria de sexo, se convertiría en una mujer, pero sobre todo seria rico”. Y también: “No creeros que sean solo las personas modestas que vengan aquí para pagarse una “diversión” en la calle, detrás de una puerta o en cualquier rincón. Es verdad, hay gente que paga 20 Dh (menos de dos Euros) pero también hay muchos otros clientes que me pagan 200 Dh (20 Euros ). He estado con hombres que trabajan en grandes empresas, en bancos, hombres casados, turistas, ancianos y a veces mujeres que vienen a buscarme para acabar la noche dulcemente”. En cambio, Hassan ha conseguido su objetivo. Después de haber trabajado seis años en la calle, un día encontró un turista con el que pasó un fin de semana en Casablanca. El extranjero se enamoró locamente de él, y una vez hubo regresado a casa hizo todo lo posible para conseguirle un visado. Hoy, Hassan vive en Italia, tiene un bonito coche, dinero y nunca más será un gigoló.
Sin familia
La mayor parte de estos chicos ya no vive con la familia y han cortado los lazos con sus padres. La edad media está en torno a los 18/25 años y viven con algún amigo, alquilando una habitación en una terraza o a veces viven en las calles. ”Hace ya casi tres años que no veo a mis padres ni a mis hermanos. Ellos saben a qué me dedico y no quieren verme”. El rechazo familiar es la primera consecuencia a tener en cuenta. De la noche a la mañana estos chicos se encuentras solos, sin ayuda, sin poder contar con nadie ni nadie a quien confiar. “Mi padre ha prometido que si vuelvo a presentarme en casa, llamará a la policía. Puede hacerlo, se avergüenza de mi “ explica Zaccaria, que tiene 22 años y ojos negros y tristes.
Un experto responde.
Othmane Mellouk es el Presidente de la ALCS, la Asociación contra el SIDA en Marruecos, tiene las ideas claras y conoce perfectamente que el fenómeno no es nuevo, ha existido siempre, pero la novedad es que ahora es visible, cuando hasta hace algunos años era un hecho escondido, privado, debido a una serie de razones sociales, de moral. Los tiempos, según Mellouk han cambiado, así como la mentalidad, y los hombres no tienen tantos reparos en mostrarse. En este sentido el Presidente habla de visibilidad y explica que “el fenómeno se ha extendido en las grandes ciudades y para la Asociación es fundamental el trabajo que se está desarrollando conjuntamente con el Ministerio de Sanidad y con el Fondo Mundial de la lucha contra el SIDA para la prevención en ciudades como Casablanca, Marrakech, Tánger, Agadir, Essaouira, El Jadida y otras”. Precisa que el ALCS tiene conciencia de la importancia del fenómeno y de los riesgos que están asociados. Precisa que NO se habla de “prostitución masculina”, si no de “laboratorio del sexo” para evitar todas las connotaciones negativas. El fenómeno es distinto respecto a la prostitución femenina. Para los hombres no hay intermediarios, por tanto el beneficio es siempre más consistente. Para las mujeres, en las zonas rurales, las tarifas sobre el terreno pueden descender hasta 15 Dh (un euro), en la zona del Atlas, pero para los hombres el mínimo es generalmente 50 Dh ( 5 Euros ) que puede llegar también hasta 200/300 Dh ( 20/30 Euros ). En el caso de los hombres existen dos tipos de razonamiento, el primero… chicos homosexuales que para justificar sus actos declaran que “no soy gay, es solos una cuestión de dinero” y los que en cambio, no tienen rubor en declarar que “para ellos es simplemente un trabajo con el que ganar dinero”. Para la primera tipología seguramente es más fácil salir de este tema y esto suele suceder cuando encuentran una persona que puede ayudarles. Los jóvenes de la segunda tipología alquilan apartamentos, como en el caso de Marrakech donde el fenómeno es más importante, abandonando a sus familias y trabajan cotidianamente y de forma regular, programándose un futuro cercano, pensando en el matrimonio y en la familia, con una bonita casa, un coche y seguridad….esa es la finalidad de este trabajo.
Fuente: La Gazette du Maroc/ Telquel






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